Permíteme liberarte del suspenso y las falsas expectativas, Enrique Peña Nieto será el próximo presidente de México. Y no porque sea el candidato idóneo, el más capaz o aquel que signifique la mejor opción para el electorado en pleno ejercicio de su soberanía; sino porque la baraja de posibilidades que encontraremos en la elección para presidente de los Estados Unidos Mexicanos, por cuanto hace al periodo de gobierno que comenzará en diciembre del año 2012, nos muestra en toda la extensión de la palabra, la pobreza de la clase política de nuestro México, y el candidato del Partido Revolucionario Institucional, lleva la delantera en esta carrera de costales; para decirlo de una vez: en el país de los ciegos el tuerto es rey y por eso “Enrique Peña es nuestro mejor hombre”.
No hay conclusiones después del paupérrimo espectáculo montado como el primer “debate”, a unos meses de las próximas elecciones, mismo que debía servir para informar al electorado acerca de las opciones que tenemos de cara al referéndum. Una lluvia de pedradas, el más puro estilo de la disciplina demagógica del cacahuatazo y la habladuría del sin sentido político, fue lo que abundó en un precario intento de intercambio de ideas formuladas en respuesta a una serie de cuestionamientos, generados por una moderadora que no dejaba de reír en cada una de las participaciones, como si le resultara irónico ser la persona más cercana a esta desafortunada baratija de exhibición, presentada por el sistema pluripartidista mexicano.
Al final, el resultado es pesimismo y el mismo sinsabor que siempre han generado los ya satanizados políticos mexicanos y nuestra forma democrática de renovar al titular del poder ejecutivo, pues se hizo más que evidente la brecha que existe entre la falsa apreciación de que transitamos en un gobierno democrático en donde el pueblo otorga la estafeta a un gobernante apto e idóneo, según la opinión y la voluntad mayoritaria y lo que encarna nuestra realidad, la cual dicta que el sistema pluripartidista no hace más que manosear, vulnerar y trastocar a las grandes instituciones que históricamente tanto esfuerzo y sangre supusieron para su erección.
Lamentable, me parece que no todos los espectadores de este debate, se dieron a la tarea de hacer una reflexión analítica y seria de toda esa parafernalia presentada en cadena nacional. Bastaban no más de cinco segundos para admirar el escote de la edecán, era necesario ignorar los distractores, ver más allá de la imagen y las apariencias de pulcritud en la vestimenta de los candidatos, aún más allá del peinado de salón, el maquillaje de telenovela y por supuesto, mirar detrás de la agudeza mental de todos y cada uno de ellos. Esa agudeza mental hecha malicia y con la que echaron mano de estrategias de campaña e hicieron de un intento de ejercicio democrático, un spot publicitario de larga duración.
A lo que se debió prestar plena atención era a las propuestas, a la ideología expresada por los partícipes de esta pugna electoral, pero por supuesto, quien buscaba llenar una hoja de papel, haciendo un listado con las propuestas de los candidatos, ni siquiera quitó la tapa a la pluma. Por el contrario, quien fuera lo suficientemente distraído y no estuviera al corriente de la problemática que se suscita en México, pudo hacer un fabuloso inventario de las laceraciones que presenta nuestro país, mismas que urgen de una cura y que fueron puntualmente enumeradas por los candidatos:
1.1,200,000 mexicanos en situación de extrema pobreza.
2.Urge una Reforma penitenciaria. Porque las cárceles en México están copadas por delincuentes que cometieron delitos de cuantía menor.
3.Urge una Reforma del Sistema Judicial. Porque simplemente es obsoleto.
4.Urge una Reforma Educativa. Porque el nivel educativo en nuestras escuelas es pésimo y porque la cultura es un camino a la paz. Andrés Manuel López Obrador, irá casa por casa para fomentar el estudio en los jóvenes, al parecer también les revisará la tarea.
5.Urge una Reforma Ambiental. Porque, el calentamiento global.
6.Urge una Reforma Energética. Porque hay que ser como PETROBRAS. Cuauhtémoc Cárdenas debería ser Director de PEMEX; porque la sangre llama.
7.Urge combatir al crimen. Porque con el crimen no se negocia.
8.Urge una Reforma Agraria. Porque el campo mexicano requiere de auxilio, porque en el sector rural está la pobreza y uno de cada cuatro mexicanos vive en el campo.
9.Urge hacer algo con la corrupción. Porque hay corrupción en todos los niveles de gobierno.
10.Urge una pensión para los adultos mayores.- ¿Por qué no, copiar todas las políticas populistas de Andrés Manuel López Obrador?
11.Urge reabrir el caso de la niña Paulette. ¿Por qué no?
En epítome, el debate fue un juego de insufrible ajedrez entre tres contrincantes: Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador buscaban, y todos lo sabíamos de antemano, echar mano de una guerra franca en contra de Enrique Peña Nieto a fin de desacreditarlo y disminuir el porcentaje que al día de hoy, le es favorable en las preferencias. No hay que ser un genio político para conseguir desacreditar al candidato del Partido Revolucionario Institucional, ni siquiera era necesario abundar mucho en el tema, pero los candidatos del PAN y PRD no escatimarían en tiempo a fin de poner en evidencia, la maraña de fullerías que hay detrás del ex gobernador del Estado de México. A final de cuentas era tiempo gratuito para el proselitismo de guerra sucia.
Por su parte Enrique Peña Nieto jugaría con sus limitadas aptitudes un juego de contraofensiva, no se podía permitir mostrarse indefenso frente al pueblo mexicano y cual libreto de telenovela, el galán habría de interpretar un papel de víctima, ¿Por qué no? Después de todo a los guapos siempre les dan menos tiempo en los debates.
Mas el sucesor de Arturo Montiel Rojas necesitaba de mucho o tal vez muy poco valor, para pararse frente al pódium, y decirle a todo México: “te veo de frente y me endeudo en compromisos que cumpliré”. ¡Hipócrita! Sus compromisos no son otra cosa que patrañas y martingalas de un estafador de las masas.
Un atinadísimo partícipe extra del debate, llamado Gabriel Quadri de la Torre, salió en dos ocasiones desde la esquina del ring, en auxilio del Licenciado en Derecho Enrique Peña Nieto. En una de esas ocasiones ridiculizó la absurda y estúpida verborrea del candidato del Partido de la Revolución Democrática y del Partido del Trabajo, con la cual asegura, reducirá el precio de los hidrocarburos y todos los energéticos y después de pisotear ese remedo de propuesta, Quadri casi escupe en la cara de Andrés Manuel López Obrador y sus “segundos pisos” cuando le hizo ver que: “…es poco conveniente financiar obras públicas con presupuesto gubernamental e inadecuado financiar obras públicas que beneficiarán únicamente a las facciones privilegiadas de la sociedad…”, aplaudiendo, claro está, las obras públicas concesionadas a las constructoras privadas, verbigracia, el “segundo piso” de Peña Nieto.
Demostró el candidato del Partido Nueva Alianza, ser el único no contagiado con el virus de la política y resultó ser el mejor posicionado en el rubro de las propuestas, presumiendo grandes ideas, como aquella de la “…banda ancha e internet como un derecho social. El derecho social por excelencia del siglo XXI…”, aunque omitiendo decirle al electorado, cuáles serían sus estrategias de gobierno.
“Sí señor Quadri, usted tiene grandes ideas, pero: ¿Cuáles son los instrumentos políticos a los que recurrirá? ¿Cómo, -por el amor de Dios- hará para conseguir echarlas a andar siendo presidente, representante de una facción política de minoría insignificante?”
Luego, con su fluidez al hablar, su grandilocuencia y agilidad mental, el candidato de Nueva Alianza sedujo al electorado menos brillante, atrajo el voto del despechado y del indeciso, y los pocos aplausos que ello genera, provienen de un pequeño partido político. Aplauden ante la inminente conservación del registro ante el Instituto Federal Electoral de un partido político más, cómo si nos resultara útil un tejocote en la canasta pluripartidista de manzanas podridas; un partido creado por una actora política gestada en su momento, por las fuerzas más macabras y oscuras del inframundo de la corrupción gubernamental y quien es ahora una hidra con poderes inimaginables, se llama Elba Esther Gordillo y el partido Nueva Alianza es su minita de oro.
Eso sí, aquellos aficionados a “la grilla”, al desazón político y a los sinsabores que crean nuestros gobernantes con ataques sin cuartel que no generan otra cosa más que dividir a un país dividido, pudieron sacar las palomitas del microondas y disfrutar de un buen “reality show” de tintes tercermundistas. A ellos les digo, no os preocupéis, en la segunda parte de este debate veremos el desenlace de la película basada en la novela escrita por el precandidato del PAN, Ernesto Javier Cordero Arroyo, y por fin sabremos en dónde estaba Josefina Vázquez Mota, cuando se suponía debía estar trabajando en la Cámara de Diputados.
Por su parte el adalid de la división y la fractura nacional, el portador del gen de la inopia política y lamentablemente, el candidato de la desatención a nuestra carta magna, Andrés Manuel López Obrador, presumió de su anacrónica y aburrida obstinación con el ataque y las desaprobaciones en contra de su rival de campaña más poderoso.
“No es que sea machista o misógino el candidato del PRD, su propensión a ignorar a la candidata del PAN, obedece a que economizó el tiempo disponible para arremeter en contra del candidato del PRI. Optimisó su rendimiento, por así decirlo.”
Vimos la puesta en escena de una nueva reedición de la obstinación del otrora Jefe de Gobierno del Distrito Federal, para lanzarse a la yugular del candidato del Partido Revolucionario Institucional y hablar, otra vez, de PEMEX y el terror que siente cuando lo imagina privatizado. Habló de reducir los sueldos de los altos funcionarios, terminar con los excesos de la burguesía gubernamental; no más aviones ni helicópteros privados, así que ahora hemos de suponer que el representante del Poder Ejecutivo, nuestro Jefe de Estado, viajará de Campeche a Baja California en camioneta.
Argumentos, todos ellos y si es que a tal habladuría se le puede llamar así, que si me permiten, no son otra cosa, más que el único artilugio con el cual cuenta Don Andrés. Como dato curioso, en una solitaria intervención, hizo uso de todas sus facultades para generar un enunciado nunca antes emitido con su sensual acento tabasqueño y exclamó: “…el ejército es importantísimo para el país…” ¡Gracias! ¡Genio!
Nos habló él, Andrés Manuel, de los maquiavélicos planes del aquelarre encabezado por Carlos Salinas de Gortari y todos los miembros afortunados de la opulencia mexicana, para servirse de nuestro México y ensanchar sus cuentas bancarias. Advirtió acerca del regreso de Santa Anna al poder, un nombre de un personaje histórico, que un ignaro como "AMLO", un neófito de la historia, no debería atreverse a mencionar. Nos abrió los ojos, ahora sabemos que en México hay corruptos, que el PRI favorece a los más favorecidos y que en este ejercicio de transición democrática, los que no somos ricos seremos los más afectados en caso de verse perturbadas las aspiraciones del Movimiento de Regeneración Nacional o Movimiento Progresista o Movimiento Ciudadano, o cual sea el sobrenombre del remoquete de falsa izquierda que López Obrador representa.
Hablemos claro: todos y cada uno de los candidatos se hayan comprometidos a favor de quienes los auspician y por supuesto que todos han de verse forzados a pagar los favores y el apoyo recibido, de una y otra manera; por lo tanto es de necios e inocentes patológicamente ingenuos, pensar que el candidato del PRI será, de llegar a la presidencia, el único saqueador corrupto y sin escrúpulos. Eso lo ha de sufrir el país, luego de que el electorado lleve a la silla presidencial a un político mexiquense, sin grandes credenciales, sin apariencia de líder o carácter de gobernante y ni hablar de su nula habilidad como orador. No obstante el tiempo será quien otorgue el veredicto y determine si acaso fue un error garrafal, ceder la presidencia a un candidato que tendrá apoyo significativo en el Poder Legislativo, ante el copioso aparato que han formado los miembros de su bancada y que podrá trabajar en comunión unificada en los Estados de la Federación, siendo estos en su mayoría precedidos por gobernadores de su partido.
Creyendo ciegamente en la realidad democrática del Estado de México, la lectura de las últimas elecciones en ese Estado nos indica que su población aprueba la gestión del gobierno priista, aunque quizá sea cierto y Josefina Vázquez Mota es certera cuando señala que el ex gobernador del Estado de México no cumplió con la totalidad de sus compromisos, situación que primeramente no debería ser puesta en tela de juicio, no porque no sea importante, sino porque no viene al caso enumerar los aciertos de un gobernante, cuando estos no son otra cosa que su responsabilidad y aún más importante, si se pudiera establecer un sistema que buscara la calificación o descalificación de los gobernantes en torno a su gestión, entonces Enrique Peña Nieto habría sido evaluado con un promedio aprobatorio, aunque mediocre.
Pero que no cunda el pánico, no hace falta preocuparnos y mucho menos caer en la desesperación; los principales actores, PRI, PAN y PRD, omitiendo voluntariamente mencionar al lastre indeseable del PANAL, no significan la única opción y tampoco implican el final del camino. El sector de gobierno en nuestro país, los detentadores del poder, si bien controlan en grandes rubros el rumbo de nuestra nación, no dominan ni determinan nuestro destino y lo dijo en forma más atinada aunque menos locuaz, el candidato del Partido de la Revolución Democrática: “…EL valor de la honestidá existe en las familias de México, honestidá como estilo de vida, es la salida como pueblo y nación…” (Sic)
El verdadero cambio debe comenzar en nuestra individualidad, en nuestra familia, en nuestro círculo social, tenemos que atravesar y/o evadir esa garita de estorbo que implica nuestro sistema de gobierno, y con ello no quiero decir que tengamos que pasar por encima de nuestras Instituciones de Gobierno, me refiero al deber ciudadano de atender el clamor de nuestra nación mexicana. Hacerlo con nuestras propias manos y no a través de intermediarios; hagamos como bien hizo Quadri: desmarquémonos de la especie política, está claro que a ellos no les importa y prefieren reñir en un soliloquio. Esta nación requiere de mexicanos en acción, mexicanos que no se detengan en el letargo, esperando el arribo de un gobernante en forma de mesías, capaz de limpiar los pecados y los errores del racimo de sexenios inoperantes que hemos sufrido. Mexicanos que, por más trillado que pueda escucharse, pongan manos a la obra, sean ciudadanos consientes del esfuerzo y el trabajo que se precisa y no individuos ingenuos que piensan que el cambio arribará con sólo marcar con un tache en una papeleta a favor de un partido político o un candidato.
nA8


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